Cruzando historias: un espacio de encuentro

Por: Igor Bernaola Mateluna

La historia es un cruce constante de información, un ir y venir de datos, hechos y acontecimientos que se suceden uno tras otro y marcan nuestro propio devenir. Calles, parques y monumentos de Lima llevan nombres de personajes que no conocemos, no entendemos o quedan como un recuerdo vago de la etapa escolar; una suerte de caminos que se van ubicando acorde a una estructura determinada que se entrelazan en ciertos momentos para crear un diseño particular.

Un ejemplo importante de estos cruces en la historia se ubica en la plazuela San Agustín del Centro de Lima, frente a la Basílica Menor y Convento del mismo nombre, a unas pocas cuadras de la Plaza Mayor. En ese espacio podemos encontrar la obra pública del escultor vasco Jorge de Oteiza, quien en noviembre de 1961 presentó “Homenaje al Poeta”, un monumento dedicado a César Vallejo. Curiosamente, en esa misma plaza se encontraba ubicada la mítica Peña Pancho Fierro, un espacio que, por más de tres décadas (1936 – 1967), fue el lugar de encuentro de diversos intelectuales y artistas. 

La Peña Pancho Fierro fue creada por las hermanas Alicia y Celia Bustamante, así como por el escritor y antropólogo, José María Arguedas. En ella se buscaba reivindicar lo nacional, es por eso que encontró en el Arte Popular una manera de sustentar su propuesta. En sus inicios tenía una visión fuertemente indigenista, paso a paso, se convirtió en un punto de encuentro donde convivieron el folklore con las ideas modernas de la época. Aquí fue donde estos pensamientos se conocieron y retroalimentaron de cierta manera. Asistían frecuentemente muchos personajes resaltantes de la historia cultural, como Sérvulo Gutiérrez, José Sabogal, César Moro, Julia Codesido, Elvira Luza, Enrique Solari, Joaquín Roca Rey, Blanca Varela, Manuel Checa, Luis Miro Quesada Garland, Francisco Moncloa, Fernando de Szyszlo, Judith y Emilio A. Westphalen, entre muchos otros; incluso Rogger Ravines y Fernando Villiger, mencionan en La Cerámica tradicional del Perú que llegaron a asistir: Paul Rivet, Pablo Neruda, Rafael Alberti, David Alfaro Siqueiros,  Rufino Tamayo y muchos más.  

Muchos de los personajes, antes mencionados, tuvieron relación cercana con la peña y con otras instituciones importantes de la historia cultural del Perú, no siempre ligadas en pensamiento o propuesta, como por ejemplo La Agrupación Espacio, creada por un grupo de arquitectos e intelectuales. Esta asociación irrumpió en el medio nacional con un manifiesto que buscaba la promoción de los principios modernistas, tanto para el arte como para la arquitectura y la literatura. Otra institución importante, donde participaron muchos de los nombres ya citados, fue La Galería Lima, donde comenzaron a promoverse las nuevas vanguardias artísticas que habían llegado tarde a nuestro país. De igual manera, Las Moradas. Revista de las Artes y las Letras apareció con un innovador espíritu vanguardista. Estos tres hitos nacionales nacen en el año de 1947, dato curioso que no se debe dejar pasar. Pero, más que curioso es resaltar que las tres dieron pie a la creación del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC), institución que marcó un antes y un después en el arte y la cultura nacional. 

Precisamente fue el IAC el que realizó toda una cruzada para llevar a cabo la construcción e instalación de “Homenaje al Poeta”. Esta estela funeraria, más que un concepto, busca ser objetiva, geométrica y racional, alejada de ornamentos y más preocupada en el juego de las proporciones. En otras palabras: vuelve a lo primitivo de las formas, a lo esencial. Los trabajos de Oteiza, se basaban primordialmente en conceptos simples, que van desde la geometría como lenguaje plástico y buscan poner a la obra como una intervención en el espacio que convive e interactúa con el público; esta obra no es la excepción, incluso ella misma se nos presenta como el primer monumento abstracto instalado en el Perú.

Es interesante pensar cómo fueron los encuentros de estos dos mundos, el de la peña y del monumento, representantes de pensamientos distintos, pero al mismo tiempo paralelos, entrelazados entre sí, convivientes de un mismo espacio, con muchas historias que contar.