Belsarima: literata y musa

Por: Marisa Mujica Pinilla

Belsarima es el pseudónimo de Marisabel Sánchez Concha Aramburú de Pinilla (1889-1977) escritora limeña y actriz principal en la primera película peruana filmada en 1913 por Fernando Lund, titulada Del Matrimonio al Manicomio. “Belsarima” corresponde a su nombre de pila: Marisabel al revés. Y es precisamente, este ingenioso y travieso detalle de cambiar y retar el orden de las cosas y de la realidad establecida, lo que caracterizará la personalidad de Belsarima y al tono ágil e inquisitivo que aportan sus escritos. En la Enciclopedia Ilustrada del Perú, (1967: Tomo V) Luis Alberto Sánchez dice de ella: “(…) a diferencia de las escritoras que la preceden, Belsarima luce auténtica gracia femenina y un estilo travieso, exento de doctoralismos y fingida trascendencia”. 

Belsarima fue una niña precoz en la literatura peruana del siglo XIX. En una época en donde las mujeres estaban obligadas a cumplir funciones domésticas femeninas y a practicar las virtudes cristianas, ella a la temprana edad de once años siente la imperiosa necesidad de escribir. Pero para poder hacerlo debe someterse a dos condiciones bastante duras que le imponen las monjas del colegio del Sagrado Corazón de San Pedro donde se encontraba interna. Primero, que el Diario debía ser leído por una de las monjas, y segundo, que si ella desobedece alguna de las reglas del colegio, el Diario le sería confiscado. Sin embargo, a pesar de la censura, el Diario de Belsarima, es una excelente crónica donde la precoz escritora narra su traviesa, aguda y fina visión acerca de la vida, las costumbres y los prejuicios de la época en la que le tocó vivir. 

El 17 de Marzo de 1900 (Diario de Belsarima, 1999: 59) Belsarima dice: “Mañana entraré de nuevo al colegio… No puedo quejarme porque ha sido mi propio deseo. Quiero estudiar y saber mucho, muchísimo. Y lo mejor es encerrarme…” Pero en vez de ser motivada por sus educadoras en su afán de estudiar, escribir y aprender, escuchamos las quejas de una frustrada Belsarima que con sutil ironía cuestiona el sistema educativo: (Diario de Belsarima,1999:40) “¡Sucedió una cosa estúpida¡ Me quitaron este cuaderno porque es un mal ejemplo. ¿No obedecer ciegamente el Reglamento? Tanto empeño puse en recuperarlo, que aquí está. Lo he besado ¿Dónde habrá estado mi pobre cuaderno de Diario? ¿En alguna celda? ¿Si es en la de la madre Benavides? ¡Te compadezco, Diario mío!” 

Pero, fue en 1904, a los quince años, que un sonado incidente (En: Diario de Belsarima, 1999:108) “hizo época en mi infancia”, como ella misma lo relata, pues la convertiría en la musa del laureado Premio Nobel en Literatura de 1956, el escritor español Juan Ramón Jiménez. La misma Belsarima lo cuenta en: Diario de Belsarima, 1999:108. 

“Deseando un grupo de poetas conocer sus obras, me utilizaron para redactar las cartas con mi letra san pedrana. Estos poetas eran José Gálvez, uno de los más importantes poetas post-modernistas peruanos, Raúl Porras Barrenechea y Carlos Rodríguez Hubner. Ansiosos de leer las obras de Juan Ramón Jiménez, urdieron el plan de escribirle bajo una personalidad femenina. Georgina Hubner, prima hermana de uno de los jóvenes, fue escogida como señuelo de este juego inocente, cuyas consecuencias sentimentales no midieron y se inició el epistolario: 

“Pero ¿a qué le hablo a usted de mis pobres cosas melancólicas; a usted; a quien todo sonríe? Con un libro en la mano, ¡cuánto he pensado en usted, amigo mío¡ Su carta me dio pena y alegría, ¿por qué tan pequeñita y ceremoniosa?” [Le pregunta con traviesa coquetería Belsarima o Georgina al poeta.] 

Belsarima continúa: “Georgina Hubner se dirigió a Juan Ramón Jiménez solicitando su libro “Árias Tristes”, lo que obtuvo con fina misiva. En adelante fueron y vinieron las cartas. Los sentimientos del gran lírico español, enamorado del amor melancólico que esta relación le proponía, se encendieron. Y decidió venir al Perú a buscar a la remota amada. “Para qué esperar más. Tomaré el primer barco…” -Declaró en una carta Juan Ramón-, el más rápido que me lleve pronto a su lado. No me escriba más. Me lo dirá usted personalmente, sentados frente al mar o entre el aroma de su jardín con pájaros y lunas”. 

Pero, la decisión de venir al Perú del enamorado poeta, asustó a Belsarima y a sus amigos y decidieron detener al poeta sacrificando a la musa. El Cónsul del Perú en Madrid le da la noticia a Juan Ramón Jiménez y el poeta envuelto en su tragedia escribe uno de sus más bellos poemas de amor titulado “Bajo el cielo de Lima”. 

“El Cónsul del Perú me lo dice: Georgina Húbner ha muerto. Yo no sé cómo eras, ¿Morena? ¿Casta? ¿Triste? ¿Sólo sé que mi pena parece una mujer? ¿Cuál? ¡Tú, que estás sentada, llorando, sollozando, al lado de mi alma!… Quise entrar en tu vida y ofrecerte mi mano, noble cual una llama Georgina… En cuantos barcos salían, fue mi loco corazón en busca… Ahora, el barco en que iré, una tarde a buscarte, no saldrá de este puerto, ni surcará los mares; irá por lo infinito, con la proa hacia arriba, buscando, como un ángel, una celeste isla… El Cónsul del Perú me lo dice: “Georgina Hubner ha muerto”. Has muerto. Estás, sin alma en Lima, abriendo rosas blancas debajo de la tierra.” 

Varios años después y en contra de la voluntad de Belsarima, Antonio Pinilla Rambaud, Cónsul de España en el Perú durante más de veinte años y esposo enamorado de Belsarima, le revelaría el secreto a su compatriota. Juan Ramón Jiménez quedó sumamente afligido al conocer la verdad de los hechos. Para el escritor, Georgina Hubner y Belsarima habían sido una realidad que le habían destrozado el corazón con su partida. Su pena ante la irrealidad de su amor lo llevó a suprimir de sus posteriores antologías la elegía a su musa. Belsarima y Georgina debían pasar al olvido, pero la fuerza del poema “Bajo el cielo de Lima” pudo más que los hechos, y sin querer las inmortalizó. 

  En 1913, a los 24 años, Belsarima o “Marisavidilla” como se le conocía en la prensa local donde tenía una activa colaboración, escribe su primer libro y lo titula: Crónica limeña. Clemente Palma, hijo del también escritor Don Ricardo Palma, le escribe el prólogo y dice de la obra: “Creo pues, que al decir que este libro es una serie de crónicas originales, noveladas con espiritual travesura, con finura y nobleza de observación y con una lealtad muy loable de alma femenina que no entra en la moda de la masculinización intelectual, no habrá más remedio que creerme, tanto más cuanto que queda al lector beneficio de inventario, esto es, el derecho de juzgar por sí”. El poeta peruano José Gálvez también comentó acerca de Crónica limeña: (Diario de Belsarima: 1999:97) Dijo que se trataba de “un pequeño primor de observación, fina y atinada sobre la sociedad de nuestro medio, en un estilo fluido, atrayente y seductor”. 

En 1914 Belsarima escribe la novela El diablo que sin querer hizo un santo y en 1919, los Tesoros de la vida sencilla basada en el Pájaro Azul de su dramaturgo favorito el belga Mauricio Maeterlinck. Cuenta Belsarima que tuvo la suerte de conocer al ensayista cuando fue invitada al Congreso Bolivariano en Panamá a donde asistió el escritor. “¡Caprichos de la suerte¡” exclama Belsarima (…) “y cuando me dijo la delegada del Brasil, que Maeterlinck me pedía una entrevista, casi me desmayo.” El escritor le pidió a Belsarima que como no hablaba bien español, él deseaba leer dos capítulos del libro de ella Los tesoros de la vida sencilla como si fueran de él. “Este sería un secreto entre los dos”, a lo que Belsarima accedió nuevamente cual musa encantada. 

Hay más anécdotas y textos sobre este personaje entrañable y talentoso que fue mi abuela Belsarima. Al igual que mi madre, su hija Marisa, que en vida de Belsarima la protegió para que ella pudiese ser quien era: una de la primeras mujeres peruanas que dedicó su vida a la literatura, en este escrito yo también me he limitado tan sólo a “resaltar algunos aspectos de su vida artística y a contar anécdotas curiosas que permiten acercarnos a su genio literario (…) y a ingresar al mundo mágico-poético que giró en torno a esta eminente intelectual limeña”. (En: Diario de Belsarima, 1999: 95)