De la letra femenina en el Perú

Por: Lourdes Rojas

Las reflexiones de Simone de Beauvoir en El segundo sexo nos indican que el mundo está dividido en dos categorías humanas y una de ellas es la que se ha impuesto, pero la otra ha buscado establecer su soberanía. Al profundizar sobre nuestra condición de seres humanos, ella enfatiza en lo importante que es la libertad. Probablemente, por ello es que estas dos categorías mantienen una tensión que genera interrogantes. 

Si las dos [categorías humanas] se empeñan en sostener esa reivindicación, se crea entre ellas, ora en la hostilidad, ora en la amistad, pero siempre en la tensión, una relación de reciprocidad; si una de las dos es privilegiada, se impone a la otra y se dedica a mantenerla en opresión. Se comprende, pues, que el hombre haya tenido la voluntad de dominar a la mujer; pero ¿qué privilegio le ha permitido realizar esa voluntad?

Esta preocupación y las posteriores interrogantes no fueron ajenas entre las mujeres peruanas, quienes se levantaron y ejercieron su capacidad ilustrada a pesar de la opresión. Nuestra literatura tiene nombres destacados, desde la etapa prehispánica nos hemos concentrado en reconocer el importante trabajo masculino, pero al igual que ellos queremos y debemos poner sobre la palestra a la figura femenina, no por su género, sino por su destacada capacidad intelectual. Los rastros más evidentes de la pluma femenina peruana, probablemente surgen a finales del siglo XVI con Amarilis, esta poeta que evidencia su calidad literaria al escribir su “Epístola a Belardo”, pero que al no tener más evidencia sobre la autora se especuló que podría ser un hombre. 

Cuando surge, otra vez, la figura femenina es en la segunda mitad del siglo XIX, pero esta vez no hay manera de atribuir el trabajo al género masculino, porque los nombres de las mujeres sobresalen uno tras otro: Mercedes Cabello, Clorinda Matto, Teresa González, Elvira García y García, Lastenia Larriva, Carolina Freyre e incluso la argentina Juana Manuela Gorriti, ya establecida en el Perú, por mencionar algunas. En la casa de Gorriti se realizaron tertulias literarias en las que no solo llegaban hombres, sino que se convocaba a las mujeres para hablar de libros, dejando de lado el tema de los maridos, los hijos o los quehaceres domésticos. A estas reuniones asistieron figuras destacadas como Ricardo Palma y Manuel González Prada, representantes importantes de la literatura peruana. Se dice que Palma inicialmente aplaudió la participación femenina en el ámbito literario, pero después cuando se evidenció la pugna entre Andrés Avelino Cáceres y Nicolás de Piérola y algunas de estas mujeres participaron activamente en política, tomando partido por Cáceres, el padrinazgo de Palma culminó, pero se fortaleció el vínculo con González Prada, estableciéndose así el Realismo Literario en el Perú.  

Estas mujeres se empeñaron en cambiar la historia de la figura femenina, tuvieron como esencia a la educación, estaban completamente convencidas que la instrucción era la clave para que nosotras podamos ser realmente libres. Realizar un estudio sobre el accionar de estas admirables mujeres nos llevaría a redactar tesis por cada una. Por ejemplo, Mercedes Cabello, quien en la novela Blanca sol describe a una mujer cuya educación no es suficiente como para formar a una persona con valores, puesto que es alguien sin escrúpulos, vacía, no solo por su baja calidad moral, sino por su ineptitud; y en El conspirador, tuvo como personaje principal a alguien que se “parecía” demasiado a Nicolás de Piérola, puesto que se habla de un hombre que busca llegar al Palacio de Gobierno, valiéndose de cualquier artilugio. No solo estos libros, le trajeron problemas a Mercedes Cabello, en general toda su producción fue consecuente a sus ideales, es decir, reflejó su mirada anticlerical y su filiación al positivismo. Otra mujer, muy próxima a estos ideales y este perfil es Clorinda Matto, también con obras muy trascendentales como por ejemplo Aves sin nido, novela en la que al igual que su colega, se evidencia su postura positivista y en la que denuncia no solo a los funcionarios públicos, sino también a los sacerdotes por el maltrato, el abuso sexual y la explotación en contra del indígena. Tanto Mercedes Cabello como Clorinda Matto fueron atacadas por sus ideas, puesto que, ambas mujeres manifiestan abiertamente su oposición a la religión católica, esto les valió ser agredidas de una forma vil por escritores de renombre como Juan de Arona y Pedro Paz Soldán quienes no pudieron ocultar su evidente machismo; desafortunadamente, los agravios también llegaron por parte de otras mujeres quienes decían que luchaban por la libertad femenina, pero estas tuvieron muy arraigada las concepciones católicas, por eso no pudieron entender la visión de denuncia de Matto y Cabello. Afortunadamente, ellas no fueron las únicas mujeres que impusieron un cambio en el accionar femenino en el siglo XIX, esto impuso un hito importantísimo para el desarrollo intelectual femenino. 

En el siglo XX, la figura femenina continuó trascendiendo y nos hemos encontrado con mujeres que destacan en el oficio de la escritura. Es sabido que  la literatura peruana dio un giro radical a partir de la segunda mitad de este siglo, las editoriales comienzan a publicar una serie de antologías con admirables críticas y nombres de escritores importantes como Enrique Congrains, Carlos Eduardo Zavaleta, Manuel Scorza, Luis Loayza, entre otros tantísimos destacados escritores, pero así como ellos, también vuelve a destacar la figura femenina. En 1959 la poeta y dramaturga Sarina Helfgott se convierte en la primera antologadora de cuentistas mujeres, publica un libro en el que reúne a escritoras consagradas como María Wiesse, Carlota Carvallo, María Rosa Macedo, Magda Portal y María Larrabure, pero además de estas narradoras de renombre, también convoca a Elena Portocarrero y Katia Saks, estas dos últimas no tenían ningún libro en su haber, pero sus cuentos eran lo suficientemente buenos como para aparecer en dicha antología. Posteriormente, en 1969, Carlota Carvallo de Nuñez y cinco años después, en 1979, Isabel Córdova Rosas publican las primeras antologías de cuento fantástico realizadas por mujeres. Como observamos la figura femenina afianza ese empoderamiento en el campo literario, hay muchísimos nombres que no se han mencionado, pero son figuras destacadas en la poesía, como Blanca Varela, quien recibió premios internacionales importantes, o en la narrativa como Pilar Dughi, una escritora que evidencia su calidad en el uso de las estrategias y técnicas en el relato contemporáneo, puesto que podemos leer cuentos que están circunscritos en la primera década del siglo XXI. 

Este ha sido solo un brevísimo recorrido por el acaecer literario femenino peruano, hay muchos nombres que aún debemos rescatar y obras que debemos estudiar para demostrar la infatigable calidad intelectual que la mujer peruana realizó, realiza y realizará, le pese a quien le pese, por los siglos de los siglos.