Psicología de la huachafocracia

Huachaforum…

numerus est infinitorum

Por: Belsarima

Definir la Huachafería es más difícil  que definir la elegancia.

Hay que verla y palparla, representándola en forma variada y pintoresca para poder sentirla. Todo lo contrario a la naturalidad y a la belleza, es cursi – snob – huachafo. El elegante de pega, la fea presumida, el condecorado sin méritos, el servil, el palangana, el viejo verde enamoradizo; todos éstos son tipos diversos de huachafos y de cursis.

Pero si creerse elegante es el pecado capital de la vanidad, notar la huachafería ajena y no vislumbrar la propia, es todavía más general. 

Yo tengo buen ojo para descubrir snobismos, aunque éstos se oculten bajo apariencias pomposas.

El sondeo pertinaz, el estudio prolijo del corazón humano me ha aclarado el rico filón de la mina llamada Huachafería. Es juzgar con tontería y ligereza. Figurarse que sólo hay huachafas en las filas últimas de la sociedad, ese criterio de adulación de lo bajo a lo alto, es eminentemente huachafo.  

Se puede ser Huachafo Entero o Huachafo Parcial. Son los primeros, los que persisten en serlo día y noche, de la cuna a la tumba. El Huachafo Parcial o Relativo, sólo exhibe su cursilería en determinadas ocasiones o en casos extraordinarios. Ese no es huachafo de nacimiento,  sino de ocasión.

¡La Huachafería resulta a veces hereditaria! Hay largas familias atacadas todas del microbio. Las reconoceréis cuando la conversación ruede sobre asuntos de aristocracia. Aquellos que se empeñan en contar – venga o no venga al caso – la nobleza de su abolengo, su próximo parentesco con el Rey de España (a quien llaman Pancho) y en describir  a grandes rasgos las hazañas de su raza – sean o no sean ciertas – están forzosamente clasificadas entre el número Reales Huachafos.

Tengo una parienta que se pasa la vida entera descifrando manuscritos y sus descubrimientos no tienen fin. Según ella, por unas ramas desciende en línea recta de María Santísima, siendo sobrina en cuarentagésimo grado del Rey David. Sus hijos tienen parecidos marcadísimos con Felipe II, Carlos V, cuyos nombres llevan, y la casa es la caricatura de un palacio, pues no hay habitación sin trono, dosel y cojín para apoyar el regio pie. Nada digo de los retratos de personajes enjutos y engolillados de “La Galería de la Familia”. Esta huachafa ilustre, es por otra parte una excelente mujer, de modo que su snobismo la coloca en el rango de la Huachafa Parcial.

Este estudio se presta para hacer determinado examen de conciencia. ¿Quién de entre nosotros no se echa de bruces en muda adoración ante la llamada grandeza? Un título siempre nos impresiona, sin pensar que el que lleva ese florón con mayor o menor número de hojas es tal vez un infeliz. El progreso y desarrollo del snobismo se debe a esa importancia concedida a valores nulos.

Un hombre se hace fabulosamente rico;  otro gana una batalla más o menos gloriosa, o firma un tratado ventajoso ¿Pues por qué nos hemos de impresionar por estas hazañas hasta el extremo de curvar ante él nuestro espinazo? Pensemos seriamente en este asunto, si no queremos entrar en la más odiosa de las falanges de la Huachafocracia: la del Huachafo Adulón. Aquellos incapaces de permanecer de pie, que hincan inconscientemente la rodilla ante los grandes, que rinden culto bochornoso al becerro de oro, que se derriten de gusto si estrechan la mano de un personaje, están sin remedio comprendidos en ese odioso número. Y tiemblo al sondearme la conciencia porque honradamente no puedo menos de confesar que me encantaría lucir mañana en las carreras con el Rey Alfonso, y el Rey Jorge de cada brazo ¿Seré por ventura una de las millones de Huachafas Inconscientes que conozco? ¿Quién de ustedes no cuenta entre sus momentos mejores, el encuentro de tal o cuál señorón de campanillas y atesora avaramente las pocas palabras que le dirigiera? ¿Es que en la sociedad actual es imposible librarse de la Huachafería?

Tengo un amigo rico que tiene una linda casa y que sin embargo se pasa la vida amargado, calculando las ganancias de sus conocidos. Para él, sólo hay una palabra sagrada: “El Millón”. Por eso, se dedica a cultivar el trato y la amistad de los ricos como si su proximidad acrecentase sus propios caudales. Sólo está feliz en la compañía del dueño de un  “Hispano Suizo”  o un “Rolls Royce”, los peatones no cuentan. Dicho tipo, en realidad, no se siente interesado sino por el tintinear del oro. Le aburre cuando habla de algo que no sea negocio o capital. Su cabeza es un calculador automático: ¿Cuánto crees que tiene fulano en efectivo? ¿Cuánto te figuras que gasta mengano en Biarritz? ¿Qué valdrá esto? ¿Cuánto darías tú por aquello? He allí sus únicos y exclusivos temas de conversación. Su cerebro es una tienda de compra y venta. Naturalmente encabeza la lista de Huachafos Adulones. No saluda a los que viven en calle de pobres, huérfanos o desamparados; y en cambio, se dobla en dos ante los propietarios de la Calle de la Moneda, Minería, Palacio. Para él, no hay otro valor que el que viene del bolsillo. Para variar, incorporaremos en esta enumeración  un ejemplar femenino. La agraciada tiene aspecto devoto, viste de negro, va con los ojos bajos –“tiene vocación”- dice su familia – “hay que llevarla a Europa” dice el padre. Se trata de una Huachafa Mística. Se pasa la vida en el confesionario atormentando con escrúpulos necios a los infelices confesores. Su piedad no es la virtud ilustrada, alegre, sana que difunde el bienestar, sino el fanatismo ridículo que todo le parece pecado y que degenera todo en manía. ¿Quién es esa caricatura que a la humanidad le causa horror, vestida a la moda de pasado mañana, que ríe a mandíbula batiente de las más escabrosas bromas de ese Vandeville? ¿Y el tipo que la acompaña? ¿Parece un tenor de ópera bufa? Es la beatita de marras, nuestra Huachafita Mística que todo el mal que tenía latente, hizo erupción a la primera de espadas. Sus padres maldicen la hora que la llevaron a Europa – “ese foco de corrupción”-. ¡Pobres padres¡ Ignoran que dicho foco bullía en el corazón de su hija, y que sin la hipocresía a que la obligaba lo estrecho del medio y la falta de ocasión, hubiese sido una descocada desde que nació. La vida es corta; hay que transformarla en fandango y al que se muere lo entierran.

¡Pobre mujer crema delicada de Huachafería Dernière Cri. ¿Crees que tu alegría fingida no es mil veces más dolorosa que las lágrimas? Haces el ridículo en todo momento y a los cuatro necios que te fingen amistad de colegial son los primeros en calificarte de “Jamona disforzada”. ¡Cuánto más en tu papel, estarás dedicada a la nobilísima tarea, corona y gloria de toda mujer! La de ser una buena madre consciente de la grandeza de su misión. Tal vez tu verdadera gloria consistiría en ser la madre orgullosa de algún héroe o de alguna eminencia,  ya que la buena semilla y el ideal generoso están en tus manos, en tus labios, en tu corazón. Si todas las mujeres pensaran en eso tal vez bajaría algunos grados el vicio en el termómetro social.

Otra Huachafada que mi ojito clínico ha sabido capturar en su retina es la que yo llamo Huachafa de Temporada ¿Qué hay temporada en Ancón? Pues a la arena! ¿Qué la gente “bien”, está en Chosica? Pues a tomar baño de sol y una vez instalada, a meterle palique a todo bicho social, o hablarle del frío, del calor y de las excelencias del tiempo. Esta huachafa es un inofensivo termómetro de temporada. A propósito voy a contarles una historieta. Averiguando una extranjera recién llegada, si la sociedad de Lima era o no exclusiva, recibió al respecto respuestas contradictorias. Una señora, muy francota que no se muerde la lengua para hablar le dijo: “En mis tiempos; la sociedad limeña era casi impenetrable, pero hoy que el boleto de entrada es el dinero, cualquierita se cuela a los mejores salones, siendo amable y dando convites”. Sin embargo – le argumenté yo – hay gente que lucha en vano por introducirse, sin lograrlo. “Serán pobres y no sabrán hacer las cosas bien con tino y olfato. Pasando una temporada en Ancón para relacionarse, dando en seguida algunas fiestas y haciéndose amiga de los diplomáticos, entra en los salones limeños el mismísimo demonio. Quise argumentarle en vano, pues mi amiga se desempeñaba en citar ejemplos. 

Nada se encarga más de propagar las costumbres cursis que las noticias de los diarios; mientras más nos interesamos por saber que “El señor Cursi-Snob” salió ayer con su señora después de almorzar con su excelencia. Que la Señora del Perendengue estornudó ayer tres veces, y que fulano estuvo muy cariñoso con las primeras varas del Stadium Argentino, seremos hijos y padres de huachafos.

Hay gente que lleva más allá su tontería al leer las notas sociales de los periódicos extranjeros y se enteran con júbilo que ayer el príncipe consorte de Rumanía, cazó un faisán acompañado de su gentil hombre. Y que la princesa Borensky llevaba en la comida de la Embajada Francesa en traje de corte y manto de grana, creación de Madame Crinolin,  con un ave del paraíso en la cabeza metida en su nido. ¡Al fuego esas necedades! Mientras las cabezas cuerdas, al parecer sigan preocupándose por tonterías de esa clase, la Huachafería será inmortal.

De dicha lecturas se desprende el deseo de figurar. Hay muchas Huachafas que se estremecen cuando ven su nombre en “letras de molde”, y le quitan el saludo al cronista social cuando las omite en las notas sociales de su diario. Unas amigas mías, que no pecan de opulentas – tienen la manía de convidar para saborear con fruición divino, la lectura siguiente: “En los salones de la familia Tecla, se congregó ayer tarde lo más selecto de nuestro gran mundo. Las horas transcurrieron deliciosas entre las finas atenciones de los dueños de casa, quienes no escatimaron esfuerzo, para hacer de su recepción la más sobresaliente de la temporada. El mes siguiente, nuevo gozo, aparecen en una página de “Entrenous”, Luzmila Tecla lado a lado de un ministro con el codo apoyado en el piano, mientras Rapsodia Tecla  ejercita una Idem con los ojos en blanco. El que sale perdiendo es D’Onofrio que no encuentra el medio de hacerse pagar “El bien servido buffet”. La familia Tecla pertenece, de hecho, al gremio de las Huachafas Anfitrionas.

Otra de éstas es Doña Rita Greso. De su magnífica casa elegante en un aristocrático barrio puede decir simplemente “Casa: el que te habita  es un Snob.” “Timbre: el que te toca es un cursi.” “Lacayo: vestido, calzón corto, el que te paga es un Huachafo.” Trasladémonos al interior de esta regia morada un día de recepción. Los Greso son “nouveaux riches” recién llegados de una provincia de Europa. Doña Rita en el colmo de la agitación, agita en vano los brazos para meterse en el vestido por cuya abertura escasamente pasa la oxigenada cabeza. Al fin asoma una faz de naufraga, mientras sus numerosas doncellas terminaran la toilette. El rímel, las patillas, los tembleques de brillantes, el collar de ídem. ¡Por fin!  Lista y acicalada, parece recién salida de la confitería. “Me parece que tiene un ojo más grande que otro”  – susurra una de las doncellas – “Dícelo tú” – responde la otra, que conoce mejor el geniecito de su ama. “Todo está a su gusto, los salones cuajados de flores y luces, resplandecen con una ascua.” La orquesta en su sitio. La imagen que reproducen los espejos parece escapada de “Vogue”. Don Fausto Greso, su consorte se le reúne. Estalla de satisfacción bajo el irreprochable frac. No cesan de dar órdenes “La cena a las dos” – “Atizar el fuego en la chimenea, iluminar la biblioteca, preparar las mesas de bridge, alistar los objetos del cotillón”. Los primeros en llegar son los Adulini y Ainón. Todo se vuelve exclamaciones “¡Bellísimo!”, “¡Miliunochesco!”, “¡Brillante!”,  “¡Colosal!” ¿Se sueña acaso la luminosa Rita que es generalmente considerada la diosa de la Huachafas? Jamás su rosada oreja ha oído tal palabra, pero desafiando su iracunda protesta hay que confesar que merece el título, mientras siga teniendo esa vanidosa opinión de sí misma, y mientras no se cure de la maña de ostentar su riqueza. Por supuesto, que la culpa principal es de las Adulini y compañía, que con bajeza y servilismo se esmeran en demostrar que está hecha de un barro superior al de los demás.

La abyección de los adulones convence a los tontos de que son superiores al vulgo. De allí que la pobre Rita sea la flor y nata de las Anfitrionas Huachafas, porque no hay un alma caritativa que le explique en qué consiste la verdadera elegancia. La familia Pergamino es harina de otro costal.  Conforme se maneja en el estudio de estos seres, comienza uno a reconocerlos y a diferenciarlos. Se da uno cuenta perfecta que los Snob, los Cursis y los Huachafos, aunque parezcan de una misma esencia, tienen la diferencia del matiz.  Se trata de gente que ha venido a menos, y que a pesar de vivir modestamente se empeñan en tener un día de recibo, para el cual invitan por teléfono a sus amistades, pero negándolo como si fuera pecado mortal.

¡Claro! como esa gente cumple con todo el mundo, no hay porqué desairarlas, y una larga hilera de autos llena la estrecha callejuela en que moran. Para atravesar de la puerta de entrada al sitio en que distribuyen al pálido té, las ídem amas de casa, haz de sudar la gota gorda. La gente amontonada, sin tener qué hacer, porque las facultades de conversación se paralizan en las aperturas – se aburren y bostezan a más y mejor. Hay una de las Pergamino que en vano se cansa cambiando discos bailables en el gramófono. ¡Como si fuera tan fácil romper el hielo de una recepción aburrida! Por fin la gente hastiada se marcha, y las anfitrionas encantadas del gentío congregado empiezan a escribir una enorme lista de nombres encabezados por supuesto por las más campanillas, como la Condesa y Vizcondesa de Tarra Tachín. Éstas pobres personas que así se preocupan en disimular su pobreza, son snobs y “casi” huachafas, que por tal de ir al teatro con frecuencia, pasear en automóvil y asistir a los tés danzantes, cultivan la amistad con huachafas que a pesar de su dinero, no logran introducirse sino en los salones desmantelados de las Pergamino. Inútil me parece agregar que nuestras snobs aludidas son las primeras en visitar a las familias de los “infelices” diplomáticos. Tienen el monopolio de los secretarios y atachés y a pesar de esto se aproximan  a la vejez sin haber logrado que ninguna de sus múltiples víctimas muerda el anzuelo. Eso sí, figuran en primera línea en las listas de legaciones. Es un snobismo el suyo como te ve, de todo punto inofensivo, menos en lo relativo a la mala lengua – pero esto merece capítulo aparte.-

¿Y qué diremos del snobismo artístico

El es el padre de la peor clase de huachafería: aquellos que molesta de cerca y de lejos, creando un tipo detestable: La Huachafa Sentimental: aquella que siendo vulgar de pensamiento, palabra y obra, se empeña en describirse como “un caso raro”, como “un tipo único de mujer”. Si por desgracia  ha recibido lecciones de música, tocará invariablemente cosas cursis con marcado apasionamiento; si por una desgracia, aún mayor, tiene voz, sabrá de memoria dos a tres romanzas antiguas y dulzonas y las cantará tremolando en las alturas.  Cuando la divises – público que me escuchas – en alguna parte, huye de ella, antes que te endilgue alguno de los cantitos, porque invariablemente busca la muy mañosa la ocasión de dejarse oír. Por supuesto que la buena música no le gusta. Sólo saborea con fruición el Vorrei Morire (muerte que al oírla le desea uno de corazón) y su sensiblería dulzona ha encontrado buena válvula de escape tocando infinitos tangos argentinos. Se dice tener también ribetes literarios. Su poesía “La tórtola herida” le vale siempre que la recita una ovación. “Tiene el ascua del fuego dramático” – dice su madre.- ahuecando la voz. Sus lecturas cursis han acabado de rematarla. Inútil, perezosa, ignorante, es el hazmerreír de la gente de buen humor.  ¡Y pensar que con una dirección atinada, tal vez hubiera sido en vez de una huachafa insoportable, simpática deleitable. La pobre Huachafa Sentimental, es desagradable, pero no vive a expensas de nadie. En cambio, ¡líbrenos Dios! de nuestros” genios masculinos”. No bien uno de esos golfos, que se hace la vaca al colegio, lee a Damenzio y a Rubén o simplemente a Vargas Villa, ya se siente con ansias de pasarse la vida ganduleando a expensas de su pseudo–genio ¡Ay de la literatura nacional, si después de fastidiar largos años al gobierno, logra al fin que lo envíen a Europa a cultivar sus aficiones artísticas!. Escribirá por snobismos cosas pésimas. Después, a fuerza de estar entre bastidores y ver comedias, escribirá obras mediocres, que acá nadie podrá apreciar, porque cuando llegan, ya traen su juicio hecho de públicos cultismos. Así tendremos que aplaudir a nuestro genio, y conformamos aunque el Estado se agrave con el sostén y mantenimiento de estos súper hombres, que sí tienen grandes vicios y arrastran el prestigio nacional en los suelos de Europa, son genios y ellos están convencidos que sólo vemos sus sandalias en su inmortal vuelo hacia la gloria.

La Huachafa Modernista, es el único tipo capaz de hacerle pensar al “Snob  Artístico”. Aquella mujer que viendo desvanecidos para siempre los lejanos 35 simula una alegría infantil y exagerada que habla del amor maternal como cosa pasada de moda y que se le da de mala sin serlo. Nadie tiene mejor cabeza que ella para resistir los cocktails y en cuanto a su buena suerte en el bridge es proverbial y nada les digo de una afición a los cigarrillos cuyo humo disipa su afecto. Todos los sentimientos normales y humanos son antiguallas de abuelas bochornosas. No ves como Victorita snob, después de todo lo que de ella sabemos, se codea con lo mejor ¿Quién hace el milagro? Su buen cocinero “Pero esa no pisa los salones de las Ratampuro”- ni de las Quinta Estancia. ¿Y acaso suenan ni truenan esas estantiguas? Respondió mi querida amiga. Déjese usted de tonterías; cualquier tipa que tenga buen pupilaje se pone a coquetear con Pepito Cernura, y obliga a su familia a que la introduzca y ya está la mudanza hecha; de las Desamparadas a la calle del Milagro.

Mujeres vanidosas, empeñadas en naderías ridículas, en lugar de ser Huachafas Modernistas – seamos feministas elegantes ¿Qué no ha hecho el feminismo en estos tiempos? Teniendo corazones y cerebros mejor formados que los de muchos hombres, sólo necesitamos para superarlos, cultura seria y educación refinada. En vez de pasarnos las horas muertas despellejando al prójimo o ideando toilettes, bajemos a lo más hondo de la conciencia y hagámonos esta pregunta: Mujeres de Lima, la de la sal proverbial y el menudo pie ¿qué hemos hecho en la vida que nos sobreviva después de la muerte? ¡Somos de una inutilidad conmovedora y de una pereza más lamentable aún!

Las mujeres debemos ser feministas como el rey es monárquico, porque si no lo somos contradecimos las leyes de la naturaleza. Ser feminista es ser partidaria de la mujer, no significa ponerse gafas negras, sombrero flab y botas chatas, sino ser lo más útil posible a la humanidad,  haciendo la mayor suma de bien que esté a nuestro alcance. No limitar nuestros conocimientos a tejer y bordar y pasarse la vida adorando ridículamente a un gato o una lora, sin levantar el pensamiento y no hacer una vida de inutilidad y holgazanería. Hay que dar algo a la vida para comprar el derecho de vivir. Todas las virtudes son pocas para formar el alma de la mujer, que es el alma de la madre.

Tiemblen las mujeres inútiles de tener en brazos un hijo, y no saber hacer de él un hombre. Esa es la más cruel de las huachaferías, encerrarse en su egoísmo como una muralla para no oír ni la voz de la razón ni los lamentos ajenos. No se crea que porque se dan tales o cuales limosnas se hace caridad. Pero el snobismo de la filantropía merece párrafo aparte.

Si las señoronas ricas en vez de organizar y presidir asociaciones de caridad se dejaran la manía de buscar gangas; es decir, gente que les trabaja por poco dinero, no habría tantos necesitados de protección. Seamos sinceras, para hacer la caridad verdadera hay que buscar la raíz del mal, hay que ponerse en contacto directo con la necesidad. No se es caritativa haciendo múltiples rifas para remediar cosas momentáneas, sino despertando el sentimiento de la justicia para que la iniciativa particular la secunde la piedad general.

Riendo un rato y arrugando el ceño ha dado una repasadita a nuestra huachafocracia – no creo haber sido injusta ni haber despertado la antipatía de nadie. He querido corregir y ojalá lo consiga. 

En resumen: de todo lo dicho se deduce que el ser que sólo dedica su vida a la apariencia es un parásito, y que tanto las elegantes profesionales como las huachafas totales están en la obligación de curarse de sus manías. En estos últimos tiempos la vida ha sufrido hondas mudanzas. La moralidad femenina de pasiva que era se ha convertido en activa. Hay que saber para entender que de las mujeres – que son las madres – se espera el mejoramiento de la humanidad. La hora de cultivo y preparación de las almas de nuestros hijos, no es tarea vana. No debemos  limitarnos a enseñarles a rezar y decirles “sé bueno, hijito” hay que hacerle comprender en qué consiste la bondad y la justicia.

Viendo esos hombres que se arrastran en la vida presente sin una generosa ilusión para el más allá, lleno de frivolidad y escepticismo, apatía y pereza, viene a la mente la idea de que son hijos sin madre educados en la “nursery” Las mujeres modernas tienen la culpa de que estos hombres sean como son. En lugar de informaros de las caudales que posee el hombre con quien vais a compartir la vida, pedid informes sobre su moralidad. Sobre la cuna de vuestro fruto, velad sin descanso y cuando esté en  edad de comprendernos enseñarle el apasionado amor al bien y a la justicia. En las rodillas de la madre es donde aprenden los hombres las verdades fundamentales. 

Lima, 25 de septiembre de 1924