Carlos Germán Belli, el poeta de la familia

Por Nils Julian Santos Quispe

Con excepción de las guerras, tal vez no hubo otro momento donde cuidarnos unos a otros haya sido tan importante como en los presentes días, quedarse en casa ha pasado a simbolizar para muchos, el grado de cariño y respeto que le tenemos a nuestros seres queridos y, por extensión, a toda nuestra comunidad. La familia se ha convertido en ese núcleo simbólico por donde empezamos a reconocernos y protegernos unos a otros, preservamos su constitución como un acto esmerado de nuestra intimidad, y su éxito o fracaso, es satisfacción o flagelo de nuestras alegrías y tristezas. 

Pero esta importancia que le damos a la configuración familiar no es ajena a nuestra identidad, es tal su fuerza para nosotros que fueron reiteradas las veces que esta figura ha ocupado recordados versos de la lírica del canon literario nacional. Poemas como El hermano ausente en la cena de Pascua de Abraham Valdelomar y Los Pasos lejanos de César Vallejo, configuran el concepto de familia, esculpida con paciencia en cada poema y fortalece su importancia en nuestro imaginario, hasta el día de hoy. Quizás esa devoción trascendental, explique en gran medida la obra de Carlos Germán Belli, uno de los más grandes exponentes de la poesía peruana actual. 

Poeta de la Generación del 50, Belli ha convertido el tema familiar en eje transversal que atraviesa verso a verso para universalizar y desplegar otros temas que parten de ella, es la base de su crítica a una sociedad poco solidaria, la celebración del amor en carne viva y el cuerpo sintiente como espacio vital.

Carlos Germán Belli viajó a Nueva York con grandes expectativas profesionales, las misma que a la muerte de su madre tuvo que abandonar para hacerse cargo de su hermano Alfonso, personaje recurrente en varias de sus obras. El afecto familiar de Belli quedó demostrado al ocupar estos menesteres con profundo cariño y dedicación. Regresó al Perú y trabajó durante años como amanuense en el Senado Nacional; lejos de separarlo de la poesía, este trabajo lo acercó a la sede de la Biblioteca Nacional, lugar donde pudo conocer a los clásicos españoles que más adelante determinarían la composición formal de sus versos. 

Alguna parte de la crítica señala que ciertos poemas suyos surgen de la impotencia que sufrió al afrontar la desigualdad de una sociedad indolente, un entorno adverso que actuó fuera de los principios solidarios sobre los que Belli configuraba su idea de familia, es por eso que en Segregación N.°1, uno de sus poemas más antologados, encontramos estos lapidarios versos: Yo, mamá, mis dos hermanos / y muchos peruanitos / abrimos un hueco hondo, hondo  / donde nos guarecemos, / porque arriba todo tiene dueño.

Aún con tan furibundo discurso, Belli siempre ha preferido reconocerse como un poeta puro, con preocupaciones estéticas más que sociales. Pero en una entrevista realizada por la Casa de la Literatura, Marco Martos señala muy bien que cualquier poesía suele contaminarse de la realidad, y que en el caso de los poemas de Belli no es la realidad del militante social, como en muchos otros de su generación, sino del que sufre directamente, que no mira desde un acomodado escritorio, sino que vive en carne propia ese sufrimiento. De ahí la heroicidad silente en sus poemas, del personaje que compone y protege a la familia, del valor que hay en la paciencia y la comprensión, de la fuerza del que articula el universo a partir de los que más quiere. De todo esto surge una voz poética que reclama un mundo más humano, más justo, más unido y que podemos encontrar en el poema Papá, mamá

Papá, mamá, / para que yo, Pocho y Mario / sigamos todo el tiempo en el linaje humano, / cuánto luchasteis vosotros / a pesar de los bajos salarios del Perú, / y tras de tanto tan sólo me digo: / «venid, muerte, para que yo abandone / este linaje humano, / y nunca vuelva a él, / y de entre otros linajes escoja al fin / una faz de risco, / una faz de olmo, / una faz de búho.

El deseo de buenaventura para sus seres queridos es también una sinécdoque, una parte que se manifiesta en la figura de la familia como deseo que se universaliza para toda la humanidad, esto lo podemos encontrar en el poema Variaciones para mi hermano Alfonso:

Para tu mudanza, ¿dónde habrá un suelo / de claro polvo y cálido recodo, / en que tus breves pies con tierno modo / equilibren la sangre de tu cuerpo?

O para tu vuelo, ¿cuándo habrá un viento / que llegue a tu costado como un soplo, / y te traslade de uno a otro polo, / pasando el edificio, el valle, el cielo? / Pues estás como dura ostra fijo, / sin que nadie te llame y te descorra / el plumaje de ave, hermano mío.

¿Por qué no llega la luz hasta el umbral / de tus huesos para que tus pies corran / por primera vez sobre el propio mar?

La fraternidad que subyace en el poema es extensiva, no se agota en sí misma, si no que la convierte en algo más que una declaración familiar: un canto lleno de esperanza para la humanidad. 

En medio de la coyuntura actual, Carlos Germán Belli ha cumplido este 15 de setiembre 93 años de vida, y aún está vigente hoy más que nunca, pues su poesía es un canto que nos llama a la reflexión, que ahonda en nuestras diferencias para recordarnos la gran responsabilidad que conlleva querernos en carne viva, en el aquí y en el ahora, que nos invita a entendernos como una sociedad que con rigurosa paciencia se apoya y comprende, deja escrito en la sangre de nuestra literatura la unidad fraterna de una nación, aquella que lo hará por siempre el poeta de esta gran familia.