El escritor, el caudillo, el tradicionalista, el bibliotecario: Ricardo Palma

Por: Lourdes Rojas

En 1833, exactamente el 7 de febrero, nace Manuel Ricardo Palma Soriano, uno de los escritores peruanos más destacados del siglo XIX. Lo recordamos por su famosa Tradiciones Peruanas, donde encontramos diversos títulos: “Don Dimas de la Tijereta”, “El obispo Chicheñó”, “Al rincón quita calzón”, “La Protectora y La Libertadora”, entre otros títulos más, en total suman 453. 

Don Ricardo Palma tuvo una vida muy particular, participó en diversas lides, la primera de ellas en la guerra frente a Ecuador en 1859; un año después, apoyó un frustrado golpe de estado contra Ramón Castilla; también, estuvo al lado de José Gálvez en la guerra contra España en 1866; al año siguiente, apoyó la sublevación de José Balta en oposición a la Constitución Política promulgada por Mariano Ignacio Prado y en 1881, defendió a Lima frente a la inminente entrada de los chilenos a nuestra capital. 

Después del asesinato de José Balta, con quien trabajó de manera cercana, se apartó de la vida política y se centró más en su obra. Recordemos que él tuvo una idea muy clara sobre su compromiso literario «Escenas en las que hemos sido actores o espectadores no pueden tratarse sin pasión. Prefiero vivir en los siglos que fueron. En el ayer hay poesía, y el hoy es prosaico… muy prosaico». Esta idea evidencia lo que son las tradiciones, una fusión de ideas aparentemente opuestas: lo popular con lo erudito, lo histórico con lo literario, realidad y ficción, subjetividad y objetividad. Palma logró fusionar estos conceptos, además agregó un componente fundamental en toda su obra, la ironía. Recrear un pasado histórico, sobre todo el ubicado en la etapa de la colonia, nos ha ayudado a conocer mucho sobre cómo se vivía, aunque los historiadores tienen muchas dudas sobre el utilizar su obra como datos que evidencien elementos válidos, sin embargo, no podemos negar que mucho de nuestro imaginario de la etapa colonial es gracias a Palma. La referencia a la cual nos remitimos cuando pensamos en las tradiciones es definitivamente Don Ricardo Palma, Washington Delgado en La Fundación de la Literatura Peruana brinda una idea clara sobre este escritor. 

Las Tradiciones de Ricardo Palma cumplen algo que el romanticismo no pudo realizar en su momento: dan dimensión histórica a la obra literaria, la vinculan con el lenguaje y el espíritu populares, sustentan, aunque sea veladamente, un ideal democrático. Palma es además nuestro primer escritor “profesional”, los poetas anteriores se habían multiplicado en labores diversas, principalmente políticas y burocráticas, además de la propiamente literaria; Palma dedica su vida a construir su obra poética y narrativa. Es, también en este sentido, el primer escritor peruano que ha hecho de la literatura una profesión.

Otra de las referencias a la cual nos remitimos cuando recordamos al escritor decimonónico es el famoso apelativo de Bibliotecario mendigo, Palma fue director de la Biblioteca Nacional, tras la Guerra con Chile, por aproximadamente treinta años y logró reconstruirla gracias a las gestiones que realizó; no obstante, no debemos olvidar la larga rencilla que tuvo con Manuel González Prada debido a que, si bien obtuvo muchos libros, estos no estuvieron codificados. La crítica no recae solo en la gestión como director de la biblioteca, sino sobre todo en la calidad literaria de Palma, desde el punto de vista de González Prada, no debería de ser enaltecida la destreza de su escritura. En uno de sus conocidos discursos, González Prada atacó casi directamente a Palma al indicar lo siguiente:

Verdad en estilo i lenguaje vale tanto como verdad en el fondo. Hablar hoi con idiotismos i vocablos de otros siglos, significa mentir, falsificar el idioma. Como las palabras espresan ideas, tienen su medio propio en que nacen i viven; injerir en un escrito moderno una frase anticuada, equivale a incrustar en la frente de un vivo el ojo cristalizado de una momia.

Hubo mucha crítica en contra de Palma porque se decía que él defendía o no daba una crítica certera en contra de la idiosincrasia española; sin embargo, no se puede negar que, así como hubo voces lacerantes en contra de su obra, también hubo quienes continuaron con engrandecer su literatura, entre ellos estuvo José Carlos Mariátegui en el “Proceso de la literatura peruana”.

Creo que Palma hundió la pluma en el pasado para luego blandirla en alto y reírse de él. Ninguna institución u hombre de la Colonia y aun de la República escapó a la mordedura tantas veces tan certera de la ironía, el sarcasmo y siempre el ridículo de la jocosa crítica de Palma. […] Las Tradiciones de Palma tienen, política y socialmente, una filiación democrática. Palma interpreta al medio pelo. Su burla roe risueñamente el prestigio del Virreinato y el de la aristocracia. Traduce el malcontento zumbón del demos criollo. La sátira de las Tradiciones no cala muy hondo ni golpea muy fuerte; pero, precisamente por esto, se identifica con el humor de un demos blando, sensual y azucarado. Lima no podía producir otra literatura.

A modo de conclusión, podemos afirmar que, como todo gran escritor, Palma tuvo adversarios, pero en esas filas no estuvo cualquier antagonista, además de González Prada, estuvo José de la Riva Agüero, y entre las filas de los que admiraron su obra estuvo José Carlos Mariátegui, Washington Delgado y no olvidemos que Clorinda Matto, inicialmente, fue una de sus pupilas y es la autora de Tradiciones cuzqueñas, obra que tiene características semejantes a la de Palma, como por ejemplo la estructura: introducción, párrafo histórico e historia ficcional. Ahondar en la vida y obra de Ricardo Palma es un trabajo extenso, pero este texto es solo un acercamiento a uno de los autores decimonónicos más representativos de nuestra literatura.