Velasco Alvarado y la creación de un icono

Por: Igor Bernaola Mateluna

En la historia del Perú son pocos los gobiernos en los que podemos encontrar una importante presencia de las artes y su vínculo con la población. Quizás dos de los más importantes sean el gobierno de Augusto B. Leguía, denominado “Patria Nueva”, en el cual, gracias a una bonanza económica y con razón de las celebraciones del centenario de la independencia, se realizaron una serie de obras públicas donde la escultura y la arquitectura tuvieron un importante papel. El otro gobierno fue el del General Juan Velasco Alvarado, al que él llamó “La segunda independencia”, en el que se impulsaron diversas acciones que promovieron la actividad artística y cultural, como la arquitectura, la pintura, la escultura, la música, la danza, el teatro y las artes gráficas. 

Juan Velasco Alvarado es una figura controversial, impactante y con una nueva mirada. Pocos personajes han marcado un impacto tan profundo que hasta el día de hoy sigue siendo motivo de debate. Se puede discutir largamente si tuvo una correcta o incorrecta política de estado, si se está a favor o en contra de sus pensamiento y acciones. Todo termina siendo cuestión de postura y enfoque. Pero, lo cierto es que los años del gobierno militar fueron de gran represión hacia los medios de comunicación, los partidos políticos y toda organización que no se alineara con el régimen militar. Fue una época de muchos miedos, pero también de fiestas y movilizaciones populares, gran parte auspiciadas por el gobierno. También, hubo un despertar político y cultural de los llamados sectores marginados. No creo que se pueda decir que se trató de una dictadura violenta y represiva, no como pasó en Chile y Argentina por los mismo años. Tampoco fue una época de bonanza económica, sino una época de relativa tranquilidad social, se podría decir que fueron años de pobreza compartida. 

Dentro de las artes se desarrollaron diversas políticas que enriquecieron el sector cultural, como la creación del Instituto Nacional de Cultura (INC), hoy Ministerio de Cultura. También, se realizaron concursos de música, en el que se escuchó por primera vez la Sinfonía Junín y Ayacucho de Enrique Iturriaga, así como marchas militares, pero fue la arquitectura quien desempeñó un papel resaltante. Esta tuvo un impacto visual que llamó poderosamente la atención, debido a su estilo Brutalista, que llegó a afectar el paisaje urbano debido a su monumentalidad y a su aspecto de dureza y fortaleza, características que Velasco deseaba para su gobierno. La construcción de cada uno de estos edificios, utilizados por el estado, correspondieron a un verdadero hito urbano, porque la arquitectura gubernamental se volvió un medio de propaganda.

Definitivamente, la arquitectura representó un impacto visual, pero si de impacto se trataba, nada generó más estruendo que la polémica Reforma Agraria y el personaje que se nos fue presentado en las últimas líneas del famoso discurso. Una figura que no solo se volvió un símbolo de la revolución nacionalista, sino que volvió a estar presente en la historia, pero ahora no como un héroe libertario, sino como el emblema representativo del momento político del país. Todo cambió desde que fue nombrado en las inmortales líneas finales del mensaje que anunciaba el cambio nacional. Se le dio una voz inmortal y el mismo general le atribuyó la frase: “¡Campesino, el patrón ya no comerá más de tu pobreza!” Así entra nuevamente en la historia nacional José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru. 

Nadie conoce el verdadero rostro de Túpac Amaru II, nadie sabe cuán profunda era su mirada. A poco menos de doscientos cuarenta años del levantamiento del prócer nacional, su imagen perdura, sigue viva y está presente como un sello de liderazgo y de símbolo de libertad. Avenidas, calles, parques, colegios y monumentos llevan el nombre del héroe nacional, pero el precursor de la independencia no tiene un rostro real, solo el que se le ha asignado por diversos artistas, muchos de ellos durante el gobierno militar de Velasco Alvarado. Pablo Macera decía que Túpac Amaru es un héroe sin cara. Verdad que es indiscutible, aunque no es menos cierto que no necesitamos conocer su verdadero rostro para reconocer su figura. Sobre todo porque su rebelión, tuvo una repercusión que superó las fronteras, generó que surjan revueltas armadas en diversos países de América, como Chile, Argentina, Bolivia, entre otros, y dio pie al surgimiento de otros Túpac Amaru, como fueron Diego Cristóbal Túpac Amaru quien llegó a ocupar la ciudad de Puno y a sitiar La Paz, Andrés Túpac Amaru quien tomó la ciudad de Sorata (actual Bolivia), de la misma manera Túpac Catari y Miguel Túpac Amaru. Túpac Amaru dejó de ser un nombre y pasó a ser un rango, un cargo de honor. Los conquistadores tuvieron que dispersar, y en muchos casos desaparecer, a sus familiares para eliminar su linaje y su figura, destruyeron sus retratos y trataron de borrarlo de la historia, pero la imagen del revolucionario que lucha hasta dar la vida por sus ideales de libertad, no muere con un hombre o con una ejecución, queda en el inconsciente colectivo y simplemente no desaparece. 

Su imagen más representativa fue la creada por el artista Jesús Ruiz Durand, para la campaña a favor de la Reforma Agraria. Tiempo después, esta síntesis del busto se volvería logotipo oficial de El Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS). Este icono apareció en una gran cantidad de afiches publicitarios del gobierno, reproducido en millares y repartidos por todo el país, volviéndose el símbolo oficial del gobierno, y siendo utilizado en ceremonias oficiales. La nueva cara de Túpac Amaru se consolidó como el rostro oficial del gobierno militar, en el mejor estilo del llamado “Pop Achorado”.

La devoción por Túpac Amaru fue tal que terminó estando a la altura de los grandes héroes nacionales, incluso una pintura suya fue instalada en Palacio de Gobierno. Se realizaron concursos para construirle un monumento en su nombre, que lo terminaría ganando Joaquín Ugarte y Ugarte, con la figura ecuestre del prócer nacional. Incluso hubo un concurso de pintura que buscaba encontrar la imagen oficial. Este certamen no tuvo ganador, pero tuvieron menciones honrosas los trabajos de Augusto Días Mori, Ángel Chávez, Fernando Saldías Días y Milner Cajahuaringa. 

Tras estar ligado al gobierno militar y también al duro momento terrorista de la historia nacional, hoy vemos como la imagen Túpac Amaru II sigue viva y se reinventa. Va desde el mural hasta el logotipo, pasando por el diseño gráfico y la textilería, sin olvidar la numismática y el cine, además de obras de arte que se pueden apreciar en diversos museos y colecciones. Todo inspirado en la imagen del mártir cusqueño, que el gobierno de Juan Velasco Alvarado logró posicionar como un icono. Como la estampa del héroe que quisieron borrar para siempre y hasta hoy se mantiene vigente.