El Himno Nacional como un Grito de Guerra

Por Igor Bernaola

Pocos fenómenos culturales logran apelar a tantas emociones como la música. Nos lleva de la alegría a la tristeza o de la calma a la euforia en solo un momento. Esto se debe, entre otras cosas, a que ella posee una compleja estructura de procesos perceptivos que se basan en una sucesión simultánea de sonidos y silencio, pausas y movimientos, lo cual brinda como resultado un efecto emocional intenso. Esto ocasiona que a todos les guste la música, quizás no a todos los mismos ritmos o estilos, pero todos disfrutamos de la música y eso la vuelve una pasión de multitudes. 

A lo largo de la historia, la música ha simbolizado grandes procesos que manifiestan el sentir de la mayoría, momentos de cambio, incluso de rebeldía. Junto a la actitud han logrado ser el complemento perfecto para motivar pueblos enteros. Es así como la música puede enaltecer o hundir a cualquiera, llevarlo a lo más alto o bajarlo de cualquier pedestal. Bajo estos términos, no es de sorprender que en pleno proceso independentista latinoamericano, ya existieran muchísimas canciones patrióticas y populares que reflejaran el sentimiento de libertad. A la llegada del general San Martín a Lima, en 1821, el pueblo ya entonaba varios cánticos de espíritu libertario, donde sin duda, una de las más sonadas era “La Chicha”, una canción que buscaba exaltar la gastronomía y las bebidas nacionales sobre las extranjeras. Este cántico popular reflejaba la actitud que manifestaba la población de aquellos años y su contexto, un cambio inminente y un reconocimiento a lo nuestro que buscaba celebrar lo autóctono sobre lo foráneo. 

La aparición del himno nacional, eclipsó la popularidad de la canción “La Chicha”, que poco a poco se dejó de cantar. En tiempos de guerra, nace la necesidad de contar con una marcha propia para las tropas peruanas, una canción que dé el impulso para aguantar, despierte ideales que hagan sentir y soñar, así como una fuerza para sufrir y vencer. Con estas ideas aparece la primera versión de nuestro himno patrio con música de José Bernardo Alcedo y letra de José de la Torre Ugarte. La historia del himno es una historia aparte, larga de contar que puede llevar a incontables debates, versiones y anécdotas, como cuando José Santos Chocano creó una nueva letra que conservaba solo el coro original, para reemplazar la versión que el pueblo había variado y trastocado, en la que ya se había incluido la famosa frase “Largo tiempo el peruano oprimido”, que no estuvo en la versión original y pertenecía a otra canción de aquella época.  La versión de Chocano no logró calar en la ciudadanía que aún cantaba la versión tradicional, a pesar de que se hicieron intensos esfuerzos para promoverla. También en 1913, durante el gobierno de Guillermo Billinghurst, se declararon intangibles los versos y la música del himno nacional, ya por esos años también variada y corregida por el mismo Alcedo con ayuda de Claudio Rebagliati. 

Lo que ocurrió con el himno es que formó parte del ADN de la ciudadanía, al volverse un grito de libertad y de rebeldía, que ha resonado en actos públicos, en desfiles y en escuelas. Se entonó durante la guerra de independencia, en los conflictos con Chile y con Ecuador, incluso en la procesión de la bandera en Tacna, así como en todas las competencias deportivas en las que se defienden los colores patrios. La Marcha Nacional, inicialmente así se bautizó, se volvió la expresión de un sentimiento que no se puede explicar. Representa un momento de gran emoción cuando se escucha o cuando se canta. Ha sido coreada en diversos estadios, siempre en defensa de nuestra soberanía. Nuestros símbolos patrios nos identifican y nos distinguen como peruanos dentro del mundo. Nos enorgullece y nos hace sentir parte de una nación. 

Resulta increíble lo que una competencia deportiva puede generar en todo un país, hoy en día comparable con una batalla de guerra, donde gladiadores y guerreros se enfrentan a sus rivales más despiadados en búsqueda del ansiado triunfo. Mientras toda una patria los alienta al entonar, a todo pulmón, variadas canciones y cánticos que ensalzan el patriotismo, aunque ninguno como el himno nacional que aún hoy es un verdadero grito de guerra.